Las noticias falsas se difunden más rápido y llegan a más personas que las ciertas, según una investigación del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) que ha analizado 126.000 noticias desde el 2006 hasta el 2017. La investigación, la más amplia jamás publicada sobre la difusión de noticias en redes sociales, constata cómo las falsas se retuitean un 70% más que las ciertas de media. Y que las ciertas tardan seis veces más en llegar por Twitter hasta 1.500 personas.

Según los resultados que se presentan esta semana en la revistaScience, la difusión de noticias falsas es un fenómeno en aumento que alcanza su máxima expresión en momentos de alto interés informativo. A lo largo del estudio, se han registrado picos de difusión de noticias falsas coincidiendo con el atentado del maratón de Boston en 2013, el Tercer Concilio Vaticano en 2014, los ataques terroristas de París en 2015 y las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016.

Las noticias falsas se retuitean un 70% más que las ciertas de media

“Un nuevo sistema de salvaguardias es necesario [… ] para reducir la difusión de noticias falsas”, sostiene un grupo de especialistas en ciencias políticas liderado por David Lazer, de la Universidad Northeastern en Boston, en otro artículo publicado en Science. Los expertos alertan del riesgo de que las noticias falsas tengan “un impacto electoral, aumenten el cinismo y la apatía y estimulen el extremismo”. Desde su punto de vista, el problema no es que los ciudadanos voten por Trump o por el Brexit –o por cualquier otra opción– si están bien informados; el problema es que se formen sus opiniones políticas y decidan su voto engañados por noticias falsas. Para corregir la situación, los especialistas sostienen que “debemos rediseñar nuestro ecosistema informativo en el siglo XXI”.

Para distinguir las noticias ciertas de las falsas, los investigadores del MIT se han basado en las evaluaciones de seis organizaciones independientes como FactCheck, PolitiFact o Snopes, especializadas en contrastar la veracidad de las informaciones publicadas en los medios.

Según los expertos, el problema no es que los ciudadanos voten por Trump o por el Brexit –o por cualquier otra opción– si están bien informados; el problema es que se formen sus opiniones políticas y decidan su voto engañados por noticias falsas

Para evaluar la difusión de las noticias, han analizado datos de Twitter, que les ha dado acceso a todos sus archivos históricos y ha financiado la investigación. Esto les ha permitido analizar cuántas veces fue retuiteada cada noticia a lo largo de los doce años del estudio, así como a cuántas personas fue retuiteada cada vez. En total se han analizado 4,5 millones de tuits.

Los resultados indican que las noticias falsas se difunden más que las ciertas, no por la mala fe de usuarios que propagan mentiras a conciencia, sino sobre todo porque resultan más interesantes. “Las noticias falsas parecen más novedosas y la gente es más propensa a compartir información novedosa”, declara en un comunicado Sinan Aral, coautor de la investigación.

Las noticias falsas parecen más novedosas y la gente es más propensa a compartir información novedosa”

Además, las informaciones falsas suelen apelar más a las emociones, como la sorpresa y la indignación, lo que también contribuye a que se compartan más.

La investigación demuestra también que quienes más propagan noticias falsas son personas y no bots programados con fines maliciosos, como se había sugerido a raíz de la injerencia rusa en las últimas elecciones presidenciales de EE.UU. Cuando los investigadores retiraron del análisis todas las noticias tuiteadas por bots, las falsas siguieron difundiéndose más que las ciertas.

“Si sólo fueran bots, necesitaríamos una solución tecnológica”, declara Sinan Aral. “Ahora vemos que serán importantes intervenciones conductuales para frenar la difusión de noticias falsas”. A la espera de que se encuentre cómo solucionar el problema, los investigadores del MIT hacen una recomendación fácil de poner en práctica: “¡Piensen antes de retuitear!”.

La investigación demuestra también que quienes más propagan noticias falsas son personas y no bots programados con fines maliciosos.

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